Somos un proyecto siempre inacabado.
Cuesta advertir que transitamos el tiempo del que disponemos, perfilando, puliendo, afinando nuevas partes, nuevas versiones de nosotros mismos, siempre insatisfechos, siempre ansiosos por otro detalle que culmine la obra, sin percatarnos, que nunca coronaremos el proyecto, obviando que el hecho mismo de no consumar la obra... es consumarla, quizás ignorando que somos el todo y la nada a la vez.
"Ni siquiera ha crecido la hierba. No se puede ser vagabundo y artista y al mismo tiempo un burgués sano y cuerdo. Si quieres embriaguez, ¡Acepta también la resaca! Si quieres sol y bellas fantasías, ¡Acepta también la suciedad y el hastío! Todo está dentro de ti, el oro y el barro, el deleite y la pena, la risa infantil y la angustia mortal. ¡Acéptalo todo, no te aflijas por nada, no intentes rehuir nada! No eres un burgués, tampoco eres un griego, no eres armónico y dueño de ti mismo, eres un pájaro en plena tormenta. ¡Déjala rugir! ¡Déjate llevar! ¡Cuánto has mentido! ¡Cuántos miles de veces, incluso en tus libros y poesías, has fingido ser el armonioso y sabio, el feliz, el iluminado! ¡Lo mismo han fingido ser los héroes al atacar en la guerra, mientras las entrañas temblaban! ¡Dios mío, qué siniestro y fanfarrón es el hombre, sobre todo el artista, sobre todo el poeta, sobre todo yo!"
Hermann Hesse, "El caminante".
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